Dolía horrores.
El Scout miró hacia atrás, buscando la herida en su pierna. Sangraba bastante, e incluso podría asegurar que la bala le había roto el hueso. Frunció el ceño, sudando en frío, y golpeó con un puño el suelo:
-Puto Sniper con la puntería en el culo…
Musitó entre dientes. Esperaba poder sobrevivir antes de que alguien le rematase. Vio delante, a apenas un par de metros, su escopeta. Sólo tenía que arrastrarse un poco y recogerla, y luego… Bueno, ya vería. Al menos necesitaba tener algo con lo que defenderse. Se impulsó con un brazo, y estiró el otro. De pronto, un nuevo disparo le alcanzó la mano, y soltó un grito de dolor, sujetándosela con la sana:
-¡Jo-der!
Se encogió un poco, presa del dolor, hasta que se vio capaz de mirar a su alrededor. Estaba solo, por lo que al menos ningún enemigo más le molestaría. El problema es que tampoco había ningún aliado, por lo que se convertía en el único blanco expuesto. Recibió un nuevo tiro en el hombro, haciendo que el impacto le girase y se tumbase boca arriba. Apretó los dientes y cerró los ojos con fuerza. Dolía, dolía muchísimo. Si al menos pudiese moverse y huir, tendría alguna opción. Abrió un ojo y alzó la cabeza, observando un puntero láser azul recorrerle el cuerpo. Lo hacía en un movimiento limpio, sin temblores ni vacilación, por lo que la teoría de un Sniper con poca puntería quedaba descartada.
“El muy hijo de puta está jugando conmigo…”
El vientre fue la siguiente zona en alojar una nueva bala, haciendo que su cuerpo se convulsionase momentáneamente con el impacto. Sólo salió un gemido de dolor esta vez, antes de que el Scout dejase caer la cabeza. Sus ojos azules buscaron el origen, pero no lo logró. De nuevo apretó la mandíbula, y se llevó la mano sana a la zona de la herida. Joder… A ese paso, acabaría por morir desangrado. Tosió, sintiendo en la boca un sabor metálico, y poco después sintió una sombra cernirse sobre él, tapando el sol que le daba en los ojos. Pudo girar la cabeza para ver el origen, el Sniper enemigo apuntándole directamente a la cabeza:
-Haz… lo… -Musitó.
No obstante, el francotirador no volvió a disparar. En vez de eso, apartó la mirilla de su ojo y se aproximó unos pasos. Con la cabeza cubierta por una capucha y un pañuelo, el Scout tan sólo pudo ver un par de ojos verdes, casi felinos, mirarle desde su ventajosa posición. Dirigió el cañón hacia la entrepierna, y ahí disparó, haciendo que el más joven soltase un nuevo grito de dolor y se convulsionase:
-P… Po… r… ¿qué…? –Logró musitar, con lágrimas recorriendo las sucias mejillas.
Pero el Sniper no contestó. Ni siquiera había placer, ira o algún sentimiento similar en su mirada. En vez de eso, caminó unos pasos, y le dio una patada en la cara con la puntera de la bota, doblándosela hacia el otro lado. El Scout escupió sangre, y creyó sentir que también una muela:
-N… no s… se su… pone… q… que… eres… u… un… p… pro… fesio… nal…
Le costaba horrores hablar, e incluso el simple hecho de respirar le dolía. Aún así, pudo llegar a pensar que, si le provocaba, quizás se picase y le rematase de una vez. Pero no había sido así. En vez de eso, el Sniper siguió caminando alrededor de su cuerpo, hasta encontrar la mano herida. La pisó, y giró el talón con saña, haciendo que nuevos gritos y gemidos de dolor brotasen de la garganta del Scout. Tras repetir el gesto un poco, se detuvo, y se acuclilló justo al lado, fulminando al más joven con sus penetrantes ojos:
-J… Joder… M… Máta… me… u… una vez…
El Scout le devolvió la mirada, y se la sostuvo, jadeando, durante unos segundos. El Sniper seguía en silencio, esta vez sin moverse ni reaccionar. Aquello le estaba poniendo muy nervioso, y no pudo evitar que nuevas lágrimas de dolor y frustración brotaran de sus ojos azules:
-Qué… c… coño quie…
No llegó a terminar la frase, y de pronto sus ojos se abrieron como platos, mientras una mueca de sorpresa y terror se dibujaba en su desfigurado rostro. Su cuerpo tembló de nuevo, esta vez no sólo de dolor:
-Tú…
El Sniper enarcó ligeramente una ceja, como primera reacción durante todo aquél tiempo. Una vez se aseguró de que su víctima le reconoció, volvió a ponerse en pie, y a caminar a su alrededor. El Scout tembló con más fuerza:
-O-Oye… E-Entiendo… que… estés ca-cabre… ado… P-Pero… Y-Yo sólo… cum… cumplía órdenes… -Sollozó- S… Se le… consideró… un tr… traidor… a… nuestro… equipo…
Sintió el cañón del rifle acariciar fríamente su cabeza y mejilla, y sollozó más fuerte:
-P… Por favor… Ni siquiera l-le conocía r-realmente… Me… me importa… una mierda… con quién s-se… acosta… tase… o no… -Tosió, escupiendo un poco de sangre- S-Si me… me negaba a… cumplir la o-orden… de ma-matar a n-nuestro Spy… me… me conside… rarían… otro t-traidor…
De nuevo cerró los ojos, sin recibir respuesta más allá de los pasos del Sniper a su alrededor, como un depredador acechando a la presa malherida. Sencillamente, esperando el momento de dar el golpe de gracia. Ni una palabra, ni un golpe o disparo. Y eso terminó por poner de los nervios al Scout:
-¡OH, VAMOS, TÚ HABRÍAS HECHO LO MISMO!
Aquél grito, no obstante, fue demasiado esfuerzo para él. Comenzó a toser con fuerza, y se dobló, con un gemido de dolor. El Sniper le dedicó una mirada de reojo, fulminante, y se detuvo. Contempló al Scout revolverse sobre su propio charco de sangre, entre toses, quejidos, jadeos y sollozos. Tras unos segundos, se apartó:
-M… Medic… -Musitó el más joven, sin apenas ya fuerzas. ¿Por qué nadie más aparecía allí?
De pronto, una caja pesada cayó firmemente a su lado, un botiquín grande. Lo observó con expresión sorprendida, y a continuación al Sniper. Ignorando dicha sorpresa, éste le dio la espalda, y se alejó de allí, dejando al Scout a solas. Éste esperó unos segundos y, una vez se vio capaz de reaccionar, prácticamente se abalanzó sobre el botiquín, comenzando a tratarse las heridas mientras musitaba repetidamente “Gracias”. No se dio cuenta de que, a los pocos segundos, apareció un puntero láser azul en su frente, y cuando más agradeció el joven las ganas de vivir, que había vuelto a nacer… Sintió la bala atravesar su cabeza, antes de que todo se volviera oscuro.
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miércoles, 29 de febrero de 2012
One-Shot: Bloody Pain
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sábado, 25 de febrero de 2012
One-shot: Niebla en sepia
La cabeza le dolía horrores. El Engineer de RED abrió los ojos lentamente, al principio confuso, sobre todo cuando le pareció que en el suelo había colores más cálidos. Al menos, hasta que se dio cuenta de que no tenía puestas las gafas protectoras. Con cuidado alzó la cabeza, comprobando que tampoco llevaba el casco al sentirla más ligera. Poco a poco, fue comprobando que se encontraba en una especie de pequeño almacén de madera, pero completamente viejo y vacío. Las ventanas estaban selladas con gruesos tablones de madera, dejando pasar delgados haces de luz a través de las grietas y separaciones, de manera que el lugar se encontraba suficientemente iluminado para poder abarcarlo con la mirada, y a la vez oscuro para darle a todo un tono más irreal e incluso antiguo, en tonos sepia. Intentó llevarse una mano a la cabeza dolorida, y fue cuando notó que estaba maniatado. Se encontraba sentado e inmovilizado en una silla, con cuerdas atadas tanto a sus tobillos, como a las muñecas tras su espalda:
-Vaya problema… -Murmuró para sí.
No era algo que pudiera resolverse con una ecuación, al menos en principio. Comprobó la firmeza de las ataduras, y tuvo que reconocer que se encontraba ante un buen trabajo. Necesitaría tiempo para pensar en cómo salir de la situación en la que se encontraba:
-Parece que ya has despertado…
El Engineer alzó la mirada azul hacia el origen de la voz, y se encontró, de espaldas a él y al fondo, al Spy de BLU. Frunció el ceño, aunque no dijo nada, a la espera. Por su parte, el de traje azul se tomó su tiempo para encenderse un cigarro, llevárselo a los labios, darle una profunda calada y, finalmente, volverse con una sonrisa hacia el tejano:
-Empezaba a preocuparme. Creí que la explosión había sido demasiado fuerte.
¿La explosión? Cierto… Había sido la explosión la que lo había debilitado y atontado. Lo siguiente que recordó fue al Pyro de su equipo recogerle, pasar un brazo del mecánico por encima de sus hombros y llevárselo lejos del campo de batalla. En ese momento se había desmayado. No obstante, su menté comenzó a trabajar, y no tardó en sacar conclusiones:
-Tú eras aquél Pyro…
El Spy asintió:
-Así es. Fue una buena forma de llevarte conmigo sin levantar sospechas.
-¿Y por qué lo has hecho?
El Engineer le miró de forma inquisitiva. Varias teorías pasaban por su cabeza, pero no tenía aún suficientes datos para decantarse por alguna en concreto:
-Ah, la pregunta…
El de traje se aproximó sin mirar directamente a su rehén, mientras sacaba el pitillo de su boca y soltaba humo de nuevo. Se detuvo:
-Es algo… Complicado. Pero necesitaba garantizar nuestra privacidad, y poder hablar tranquilamente. Lo siento por las ataduras, pero… Tengo que asegurarme de que me vas a escuchar, en vez de atacarme sin dejar opción.
-Oh, qué amable… Supongo que he de darte las gracias. –Respondió el de RED, imprimiendo un deje sarcástico a su tono de voz, en general, suave.
El enmascarado le miró a los ojos, y suspiró. Caminó hacia una de las ventanas, y apoyó el hombro en el marco, oteando a través de una de las rendijas:
-Entiendo tu desconfianza. Pero esto no se trata de negocios. No puedo retrasar esto por más tiempo… Necesito hablar contigo, y a solas.
-¿Que no son…? –El Engineer enarcó una ceja, sin apartar la mirada azul de la figura del Spy. Aún siendo enemigos, o precisamente por eso, se conocían desde hacía tiempo, y sabía que asesinaba y engañaba por puro trabajo. Que lo disfrutara o no, era otra cosa. Pocas habían sido, no obstante, las veces que se habían encontrado fuera del campo de batalla, y no habían peleado entonces. Claro que tampoco se habían hecho íntimos amigos, precisamente. Por eso, le sorprendía esa actitud:
-¿No va a ser esto entonces un interrogatorio o una tortura?
-No… Al menos, no es mi intención.
El Spy se alejó de la ventana, y el Engineer buscó con la mirada la del enmascarado. Ambas se cruzaron, azul con azul, y el tejano sintió nervios. No de miedo, al menos no exactamente, sino una extraña y antagónica mezcla entre evasión y atracción. Le ponía tense sostenerle la mirada, pero… Al mismo tiempo, le atraía irresistiblemente. Era hipnotizante, casi como la de un gato. El contacto visual no se mantuvo mucho tiempo, y pronto el de azul desvió la mirada:
-Esto te resultará extraño, puede que incluso violento… Tan sólo te pido que me escuches hasta el final. Luego toma la decisión que desees.
-Je… ¿Acaso tengo otra opción? Estoy atado, después de todo.
El de BLU volvió a mirarle a los ojos, e inspiró por la nariz:
-Tomaré eso como un sí, entonces.
Comenzó a caminar por la estancia, fumando de modo que al Engineer se le antojó nervioso:
-¿Sabes? Aunque pueda parecer lo contrario por mi origen francés, no soy exactamente un romántico. Nunca he creído en eso del amor a primera vista. Y sigo sin hacerlo.
Le dio una nueva calada al cigarrillo, mientras el Engineer sentía su corazón empezar a latir de forma acelerada, en una perfecta y duradera, pero al mismo tiempo, frágil maquinaria. Incluso él, que era de puras ciencias, intuía por dónde quería ir el Spy, si bien no las tenía todas consigo. Tragó saliva:
-No estoy seguro… de saber a dónde quieres llegar.
-Por favor, no he terminado.
La respuesta fue breve, pero no cortante. Una calada más profunda, y acabó tirando la colilla al suelo. Se volvió entonces, aparentemente más tranquilo, y comenzó a aproximarse a la silla:
-Soy consciente de que, a pesar de llevar tiempo luchando, apenas nos conocemos realmente. De que no hemos hablado apenas fuera de combate, más allá de aquella tarde en la cafetería, y de que somos enemigos. Pero…
Alcanzó al Engineer, colocándose a su lado sin mirarle, y apoyó suavemente una mano enguantada en su hombro:
-¿Recuerdas aquella tarde? Una simple conversación, circunstancial para ti… Pero a mí me fascinó tu inteligencia, tu voz…
El de RED le sintió tragar saliva, y se sintió tentado de imitarle, mientras su propio corazón latía con todavía más fuerza. Entrevió de reojo al de BLU acuclillarse, y los dedos envueltos en tela ardieron en contacto con su mejilla. Se volvió de un sobresalto, y sus ojos se toparon con los del Spy:
-Desde entonces, y cada vez más… Sólo deseo poder conocerte mejor, poder…
Se silenció, incapaz de encontrar las palabras adecuadas. Pero sus iris azules lo decían todo. El Engineer se quedó paralizado, con las mejillas ardiéndole e incapaz de articular palabra. No fue hasta que vio el rostro del espía aproximarse despacio al suyo que su cuerpo actuó como un resorte, y se echó hacia atrás, presa de un irracional miedo:
-¡Espera…!
El Spy retrocedió también, sorprendido. Sostuvo la mirada un poco más, en silencio, hasta que la desvió, claramente dolido. Gesto que no tardó en disimular con una sonrisa conformista:
-Debí imaginarlo…
Con una mano se abrió un poco la chaqueta, y la otra se metió en el bolsillo interno, para extraer de éste su mariposa. La giró entre sus dedos, con la habilidad propia de la práctica, y la abrió, descubriendo su filo. La mirada del Engineer se volvió alarmada:
-¿Qué vas a hacer?
No recibió respuesta, sino que el Spy descendió el arma hacia una de las piernas del de RED. Éste se tensó, esperando recibir un tajo, pero a sus oídos llegó el sonido del cortado de cuerdas, y las que ataban uno de sus tobillos no tardaron en aflojarse y ceder. Se repitió el proceso con la otra pierna, y el enmascarado se enderezó, ante la atónita mirada del tejano:
-Spy…
El aludido permaneció mudo, rodeando la silla, y cortó los cabos que inmovilizaban sus muñecas para dejarle libre. El Engineer se masajeó la zona, y se puso en pie, para volverse hacia el Spy, el cual se dirigió de nuevo hacia la ventana, dándole la espalda:
-Ya he terminado, y tengo su respuesta, así que no tiene sentido que te siga reteniendo. Yo… Lo siento.
El de RED se pasó una mano por la calva y la nuca, sin decir nada. El Spy tampoco se volvió. Prendió fuego a un nuevo pitillo, y le dio una calada:
-La puerta está abierta, y tus cosas fuera, completamente intactas. Puedes irte cuando quieras… No voy a impedirlo.
Su tono de voz parecía volver a ser el habitual, pero no se giró en ningún momento. Los pasos del Engineer sonaron en el suelo de madera, y el enmascarado cerró los ojos al sentir la puerta abrirse y cerrarse. Suspiró:
-J’ suis un idiot…
Una nueva calada, con el pulso ligeramente tembloroso. Se lo tenía que haber esperado, era el resultado más probable… Pero, aún así, le dolió más de lo que quería admitir, incluso a sí mismo. ¿Cómo pudo enamorarse de un enemigo? Además, uno que tenía más motivos para odiarle.
No se esperó sentir de pronto una mano fuerte en su cintura, y la otra subirle parte de la máscara hasta descubrirle un costado del cuello. Antes de poder reaccionar, unos labios se posaron cariñosamente sobre su piel, haciendo al francés soltar un suave suspiro:
-Nunca me pareció una conversación circunstancial. De hecho, me sorprendió tu inteligencia y buen gusto.
El de BLU sintió arder y enrojecer su rostro, y se volvió para encararse al de RED:
-Creí que me habías rechazado…
El tejano sonrió, dejando entrever sus dientes blancos:
-Reconozco que me pillaste por sorpresa. En serio, no me lo esperaba. –Descendió ambas manos a las caderas del Spy, sujetándole con firmeza, sin dejar de mirarle a los ojos- Además, no tengo experiencia en este tipo de cosas. Ya sabes… Soy más de ciencias.
El Spy sonrió de forma entre suave y divertida, y alzó una mano a la mejilla del Engineer:
-Por eso no te preocupes… -Susurró- Puedo enseñarte.
La otra mano del enmascarado subió a la nuca de su, ahora, amante, y sus rostros volvieron a aproximarse, esta vez para fundirse los labios en un largo y sentido beso.
-Vaya problema… -Murmuró para sí.
No era algo que pudiera resolverse con una ecuación, al menos en principio. Comprobó la firmeza de las ataduras, y tuvo que reconocer que se encontraba ante un buen trabajo. Necesitaría tiempo para pensar en cómo salir de la situación en la que se encontraba:
-Parece que ya has despertado…
El Engineer alzó la mirada azul hacia el origen de la voz, y se encontró, de espaldas a él y al fondo, al Spy de BLU. Frunció el ceño, aunque no dijo nada, a la espera. Por su parte, el de traje azul se tomó su tiempo para encenderse un cigarro, llevárselo a los labios, darle una profunda calada y, finalmente, volverse con una sonrisa hacia el tejano:
-Empezaba a preocuparme. Creí que la explosión había sido demasiado fuerte.
¿La explosión? Cierto… Había sido la explosión la que lo había debilitado y atontado. Lo siguiente que recordó fue al Pyro de su equipo recogerle, pasar un brazo del mecánico por encima de sus hombros y llevárselo lejos del campo de batalla. En ese momento se había desmayado. No obstante, su menté comenzó a trabajar, y no tardó en sacar conclusiones:
-Tú eras aquél Pyro…
El Spy asintió:
-Así es. Fue una buena forma de llevarte conmigo sin levantar sospechas.
-¿Y por qué lo has hecho?
El Engineer le miró de forma inquisitiva. Varias teorías pasaban por su cabeza, pero no tenía aún suficientes datos para decantarse por alguna en concreto:
-Ah, la pregunta…
El de traje se aproximó sin mirar directamente a su rehén, mientras sacaba el pitillo de su boca y soltaba humo de nuevo. Se detuvo:
-Es algo… Complicado. Pero necesitaba garantizar nuestra privacidad, y poder hablar tranquilamente. Lo siento por las ataduras, pero… Tengo que asegurarme de que me vas a escuchar, en vez de atacarme sin dejar opción.
-Oh, qué amable… Supongo que he de darte las gracias. –Respondió el de RED, imprimiendo un deje sarcástico a su tono de voz, en general, suave.
El enmascarado le miró a los ojos, y suspiró. Caminó hacia una de las ventanas, y apoyó el hombro en el marco, oteando a través de una de las rendijas:
-Entiendo tu desconfianza. Pero esto no se trata de negocios. No puedo retrasar esto por más tiempo… Necesito hablar contigo, y a solas.
-¿Que no son…? –El Engineer enarcó una ceja, sin apartar la mirada azul de la figura del Spy. Aún siendo enemigos, o precisamente por eso, se conocían desde hacía tiempo, y sabía que asesinaba y engañaba por puro trabajo. Que lo disfrutara o no, era otra cosa. Pocas habían sido, no obstante, las veces que se habían encontrado fuera del campo de batalla, y no habían peleado entonces. Claro que tampoco se habían hecho íntimos amigos, precisamente. Por eso, le sorprendía esa actitud:
-¿No va a ser esto entonces un interrogatorio o una tortura?
-No… Al menos, no es mi intención.
El Spy se alejó de la ventana, y el Engineer buscó con la mirada la del enmascarado. Ambas se cruzaron, azul con azul, y el tejano sintió nervios. No de miedo, al menos no exactamente, sino una extraña y antagónica mezcla entre evasión y atracción. Le ponía tense sostenerle la mirada, pero… Al mismo tiempo, le atraía irresistiblemente. Era hipnotizante, casi como la de un gato. El contacto visual no se mantuvo mucho tiempo, y pronto el de azul desvió la mirada:
-Esto te resultará extraño, puede que incluso violento… Tan sólo te pido que me escuches hasta el final. Luego toma la decisión que desees.
-Je… ¿Acaso tengo otra opción? Estoy atado, después de todo.
El de BLU volvió a mirarle a los ojos, e inspiró por la nariz:
-Tomaré eso como un sí, entonces.
Comenzó a caminar por la estancia, fumando de modo que al Engineer se le antojó nervioso:
-¿Sabes? Aunque pueda parecer lo contrario por mi origen francés, no soy exactamente un romántico. Nunca he creído en eso del amor a primera vista. Y sigo sin hacerlo.
Le dio una nueva calada al cigarrillo, mientras el Engineer sentía su corazón empezar a latir de forma acelerada, en una perfecta y duradera, pero al mismo tiempo, frágil maquinaria. Incluso él, que era de puras ciencias, intuía por dónde quería ir el Spy, si bien no las tenía todas consigo. Tragó saliva:
-No estoy seguro… de saber a dónde quieres llegar.
-Por favor, no he terminado.
La respuesta fue breve, pero no cortante. Una calada más profunda, y acabó tirando la colilla al suelo. Se volvió entonces, aparentemente más tranquilo, y comenzó a aproximarse a la silla:
-Soy consciente de que, a pesar de llevar tiempo luchando, apenas nos conocemos realmente. De que no hemos hablado apenas fuera de combate, más allá de aquella tarde en la cafetería, y de que somos enemigos. Pero…
Alcanzó al Engineer, colocándose a su lado sin mirarle, y apoyó suavemente una mano enguantada en su hombro:
-¿Recuerdas aquella tarde? Una simple conversación, circunstancial para ti… Pero a mí me fascinó tu inteligencia, tu voz…
El de RED le sintió tragar saliva, y se sintió tentado de imitarle, mientras su propio corazón latía con todavía más fuerza. Entrevió de reojo al de BLU acuclillarse, y los dedos envueltos en tela ardieron en contacto con su mejilla. Se volvió de un sobresalto, y sus ojos se toparon con los del Spy:
-Desde entonces, y cada vez más… Sólo deseo poder conocerte mejor, poder…
Se silenció, incapaz de encontrar las palabras adecuadas. Pero sus iris azules lo decían todo. El Engineer se quedó paralizado, con las mejillas ardiéndole e incapaz de articular palabra. No fue hasta que vio el rostro del espía aproximarse despacio al suyo que su cuerpo actuó como un resorte, y se echó hacia atrás, presa de un irracional miedo:
-¡Espera…!
El Spy retrocedió también, sorprendido. Sostuvo la mirada un poco más, en silencio, hasta que la desvió, claramente dolido. Gesto que no tardó en disimular con una sonrisa conformista:
-Debí imaginarlo…
Con una mano se abrió un poco la chaqueta, y la otra se metió en el bolsillo interno, para extraer de éste su mariposa. La giró entre sus dedos, con la habilidad propia de la práctica, y la abrió, descubriendo su filo. La mirada del Engineer se volvió alarmada:
-¿Qué vas a hacer?
No recibió respuesta, sino que el Spy descendió el arma hacia una de las piernas del de RED. Éste se tensó, esperando recibir un tajo, pero a sus oídos llegó el sonido del cortado de cuerdas, y las que ataban uno de sus tobillos no tardaron en aflojarse y ceder. Se repitió el proceso con la otra pierna, y el enmascarado se enderezó, ante la atónita mirada del tejano:
-Spy…
El aludido permaneció mudo, rodeando la silla, y cortó los cabos que inmovilizaban sus muñecas para dejarle libre. El Engineer se masajeó la zona, y se puso en pie, para volverse hacia el Spy, el cual se dirigió de nuevo hacia la ventana, dándole la espalda:
-Ya he terminado, y tengo su respuesta, así que no tiene sentido que te siga reteniendo. Yo… Lo siento.
El de RED se pasó una mano por la calva y la nuca, sin decir nada. El Spy tampoco se volvió. Prendió fuego a un nuevo pitillo, y le dio una calada:
-La puerta está abierta, y tus cosas fuera, completamente intactas. Puedes irte cuando quieras… No voy a impedirlo.
Su tono de voz parecía volver a ser el habitual, pero no se giró en ningún momento. Los pasos del Engineer sonaron en el suelo de madera, y el enmascarado cerró los ojos al sentir la puerta abrirse y cerrarse. Suspiró:
-J’ suis un idiot…
Una nueva calada, con el pulso ligeramente tembloroso. Se lo tenía que haber esperado, era el resultado más probable… Pero, aún así, le dolió más de lo que quería admitir, incluso a sí mismo. ¿Cómo pudo enamorarse de un enemigo? Además, uno que tenía más motivos para odiarle.
No se esperó sentir de pronto una mano fuerte en su cintura, y la otra subirle parte de la máscara hasta descubrirle un costado del cuello. Antes de poder reaccionar, unos labios se posaron cariñosamente sobre su piel, haciendo al francés soltar un suave suspiro:
-Nunca me pareció una conversación circunstancial. De hecho, me sorprendió tu inteligencia y buen gusto.
El de BLU sintió arder y enrojecer su rostro, y se volvió para encararse al de RED:
-Creí que me habías rechazado…
El tejano sonrió, dejando entrever sus dientes blancos:
-Reconozco que me pillaste por sorpresa. En serio, no me lo esperaba. –Descendió ambas manos a las caderas del Spy, sujetándole con firmeza, sin dejar de mirarle a los ojos- Además, no tengo experiencia en este tipo de cosas. Ya sabes… Soy más de ciencias.
El Spy sonrió de forma entre suave y divertida, y alzó una mano a la mejilla del Engineer:
-Por eso no te preocupes… -Susurró- Puedo enseñarte.
La otra mano del enmascarado subió a la nuca de su, ahora, amante, y sus rostros volvieron a aproximarse, esta vez para fundirse los labios en un largo y sentido beso.
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